
Los cuentos han formado parte de nuestra vida desde muy pequeños, nos han permitido volar por mundos mágicos, ser protagonistas, hacernos sentir bien… y ahora, de adultos y como docentes, nos pueden ser muy útiles para abordar nuestras sesiones y, algo muy importante, para poder recuperar la atención de nuestros estudiantes. El arte de saber contar cuentos conlleva el tener una variedad de recursos lingüísticos y un vocabulario que haga que la historia o relato no se convierta en una monotonía de sólo cien palabras.
Pérez y Calatayud (2000), manifiestan que, el cuenta cuentos es ese que le da un soplo de vida a cada historia, a cada personaje, a cada hecho, sensación, sentimiento. Es un personaje fundamental porque sin él, el cuento se convierte en algo dormido, aletargado. Sus personajes están con ganas de que alguien les cuente para así colarse por los oídos de otras gentes. Y de oído en oído, de gente en gente, van recopilando, recorriendo y mirando amores, recuerdos, lugares…y creciendo. El narrador vive las miradas de su público, de sus sonrisas, de sus sobresaltos…vivimos de contar historias. El público escucha e imagina, cada uno a su manera, utilizando un lenguaje distinto al escrito. Es importante no olvidar al público. Hemos de mirar a la persona que nos escucha, estar pendiente de lo que siente, cuidarlo, hacerle sonreír o llorar, siendo consciente de ello podríamos cambiarlo si quisiéramos. Sentir esa necesidad y placer de contar, hará que se transmita una honda de empatía en el auditorio que nos ayudará a que, lo que estemos haciendo, salga con éxito y brillantez
Dada la importancia que tiene este tema en nuestra profesión, a continuación lo invito a reflexionar sobre estas interrogantes.
1.- Qué les pareció el cuento de paletas que realizaron en grupo?
1-¿Cuáles son los beneficios que nos ofrecen los cuentos como estrategia didáctica en el proceso de enseñanza aprendizaje?
